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Encrucijada

Esta entrada fue publicada por ajudicuba.

13 de septiembre de 2012

Lic. Wilfredo Vallín  Almeida

Tres jóvenes fueron detenidos violentamente, metidos a la fuerza en un patrullero y conducidos a una estación de la policía nacional donde estuvieron alrededor de 24 horas sometidos a interrogatorio por parte de la Seguridad del Estado.
¿Motivo? : Repartir hojas impresas con la Demanda Ciudadana por Otra Cuba que, semanas antes, había sido entregada por sus promotores a la Asamblea Nacional del Poder Popular donde fue recibida con el número 1207 de 20 de junio del 2012.
Aunque la violencia policial es un hecho que tiene lugar prácticamente a diario en nuestro país y cuya constancia se muestra en fotos, videos y entrevistas por la prensa independiente, blogueros y otros, este caso en particular, por su connotación, merece un análisis especial.

Cuando hablamos en la unidad policíaca con los agentes de la policía política que atendían el caso, nos llamó la atención varias cosas que analizaremos a continuación.

Primero se nos dijo que estos jóvenes habían sido detenidos “por distribuir propaganda en la vía pública”. Aunque el término “enemiga” no se utilizó, era evidente que se referían a una propaganda que tenía por fuerza que serlo, pues sólo así sería justificable la detención.

Cuando mostramos a los agentes que ese documento había sido entregado en la Asamblea Nacional del Poder Popular sin objeciones por parte de los que lo recibieron, entonces se pasó a decir que “se habían resistido al arresto”.
No vamos argumentar detalladamente aquí por qué conforme al Derecho Internacional una detención que empieza por ser ilegal convierte en no válido para el poder lo que se derive de ella a posteriori. Lo que queremos decir, al menos por ahora, es otra cosa.

Lo que los agentes parecían buscar con denuedo era el lugar donde se habían imprimido esas hojas. O sea que, lo “importante”  para ellos era la impresión en sí, no su contenido. Y eso es lógico de entender pués lo verdaderamente preocupante para ellos no es en verdad la impresión, sino el tema que se toca en esas hojas.

Y el tema es el Pacto  de los Derechos Civiles y Políticos y el Pacto de los Derechos Económicos sociales y Culturales ambos de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Y podemos entender la preocupación oficial porque:

Cuba es  miembro de la ONU.
Participa en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra.
Es vista en las Organizaciones Internacionales de tales Derechos como violadora consuetudinaria de los mismos.
Tiene asignada, por segunda o tercera oportunidad, un relator para la tortura que deberá visitar la isla no se sabe cuándo.
El gobierno cubano firmó la intención de introducir esos Pactos en la isla el 28 de febrero de 2008.
Tratándose de semejantes documentos, no puede tildarlos de “maniobra del imperialismo contra el país” o algo por el estilo.
Tampoco puede llevar a prisión a los que divulguen esos pactos o apoyen esa campaña por cuanto ese actuar sería totalmente incompatible con los principios de la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Sabe que de conocerse en todo el país sus contenidos y las perspectivas que abrirían a los cubanos, serían incontables los ciudadanos que apoyarían esa demanda.
Los problemas con la ONU no son los mismos que con los inofensivos, desarmados e indefensos opositores pacíficos cubanos.
Y esto por sólo señalar algunos aspectos del problema.
Ahora el asunto está, claro que muy complicado, en las manos de los que pueden acabar de resolverlo o de hundir a Cuba, si se sigue hablando en el tono de arrogancia y prepotencia con que lo hicieron los que conversaron con nosotros en la 6ta. Unidad.
Creo que para los que dirigen las cosas de gobierno en el país, la palabra definitoria de la actualidad es: ENCRUCIJADA.

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Entre cielo y tierra…

(DDC)

Camilo Ernesto Olivera La Habana | 12-09-2012 – 10:00 am.

¿Si la Seguridad del Estado lo controla todo, por qué ocultarse, por qué no lanzarle una trompetilla? Ya va siendo hora de ejercer nuestros derechos a plena luz.

¿Nada oculto? Tal vez la única manera de salvarse de la dictadura sea poniendo las cartas sobre la mesa. Los ocultamientos solo generan pretextos para esa casi demencial “teoría de la conspiración” con la cual el régimen cubano desacredita cualquier intento de oposición.

En esta islita a la deriva todos andamos bastante aburridos y estresados. Los opositores por un lado, viendo cámaras del G-2 en los latones de basura o hasta en las rendijas de los inodoros; los represores por otro, intentando justificar el salario, ahora que está de moda ese asunto de la racionalización de plantillas.

Los opositores defienden el derecho a reunirse, dialogar y manifestarse, ejerciéndolo cada vez más a plena luz. Los “segurosos”, por su parte, deliran con esa ya mencionada teoría de la conspiración y dilapidan el dinero estatal aplicándose a la vigilancia y la “represión de bajo perfil”, bastante molesta y muy sintomática. Los señorones se están quedando sin argumentos y efectivamente, está en nuestras felices y disidentes manos la posibilidad de quitarles el índice acusatorio.

Andan los señorones en una escalada represiva, queriendo agotarnos el sentido del humor con dosis de miedo, advertencias, vigilancia y calabozos. Hace unos días intentaron aplicar el viejo y patético método nazi denominado “mitin de repudio” contra la vivienda de Antonio G. Rodiles, sede del proyecto Estado de SATS.

Pero afortunadamente parece ser que la “mentalidad de rebaño aterrorizado” está más  resquebrajada que lo que las apariencias indican. La nostalgia de los 70 y los 80, de la cual suelen padecer los señores de la policía política, es una trampa y un boomerang. La población tiene demasiadas preocupaciones en la cabeza y anda harta de que le tomen el pelo y la envíen a gritarle improperios a gente que por lo general ni siquiera saben quiénes son y que, además, hacen algo que ellos desearían hacer.

En este punto, entramos en un asunto al cual vale la pena dedicarle atención. ¿Cuán invisibles somos los opositores en Cuba? ¿Qué es lo que nos impide llegar a más personas? ¿Hasta qué punto el síndrome inoculado del terror nos ha hecho confundir la precaución y la contención con el paralizante miedo a actuar de manera más efectiva en las actuales circunstancias?

Vale recordar aquí la frase con que titulamos este texto. Entre cielo y tierra… no hay nada oculto. Si de veras la Seguridad del Estado es capaz de colocar un micrófono en el trasero de un hipopótamo para captar la conversación de dos disidentes a la vera del estanque del Zoo de la calle 26, ¿qué sentido tiene poner el ocultamiento donde va la trompetilla?

No tiene sentido seguir esperando para poder ejercer nuestros derechos a la luz del sol. El Estado de Derecho suele oscilar en las entrañas de la dictadura como un péndulo o el badajo de una campana. Es necesario el impulso de todas nuestras manos para que la campana suene. Es el momento de que cada demanda, cada grito por la libertad se amplifique.

Todos somos presos de un sistema de legitimación social que preconiza el subdesarrollo mental como una “virtud revolucionaria”. Sin embargo, este estado de cosas no prevalecerá para siempre. El miedo no es eterno, ya va siendo hora de que dejemos de lado el juego del gato y el ratón y pongamos el rostro y el corazón como cartas bocarriba sobre la mesa.

Es tiempo de hacer más visible y expansiva la labor y la libertad de expresión de quienes hemos decidido actuar y opinar de manera natural, sin ataduras a un sistema corrupto y decadente.

Quizás la “Demanda Ciudadana por otra Cuba“, cuyo camino apenas comienza, pudiera ser el detonante de un movimiento masivo que despierte del letargo a esta isla. Del mismo modo que la represión de la que son capaces los delincuentes enquistados en el poder no es secreto para nadie, tampoco lo es el cansancio, el asco y la decepción de todo el pueblo.

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El fantasma de los Pactos

Por Wilfredo Vallin
(en Asociación Jurídica Cubana y en Diario de Cuba)

¿Por qué nunca se ha expuesto a los cubanos el contenido de los Pactos de Derechos Humanos de la ONU, firmados por el régimen de los Castro?

“Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo”, dijeron Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista.

Más de un siglo después, cuando aún era ministro de Relaciones Exteriores y quien mejor interpretaba el pensamiento del Comandante en Jefe, Felipe Pérez Roque apareció, en una foto en Juventud Rebelde el 28 de febrero del 2008, estrechando la mano del señor Ban Ki Mon, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La instantánea fue tomada con motivo de la firma por el canciller cubano de dos Pactos de Derechos Humanos de la ONU, documentos que habían sido creados por ese Organismo internacional en 1966 y entrado en vigor en 1976, es decir, diez años después.

La Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU de 1948, independientemente de la enorme carga moral que implica, no constituye sino una recomendación que los gobiernos pueden adoptar o no, sin que sea de obligatorio cumplimiento para los mismos.

Precisamente por su condición no obligatoria (o no vinculante, como se acostumbra a decir en el lenguaje del Derecho Internacional), la ONU instrumentó a posteriori esos Pactos que sí tienen ese carácter, desglosando la Declaración en dos documentos, el de los Derechos Civiles y Políticos (o de primera generación) y el de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (o de segunda generación).

Hay varias preguntas que aparecen de inmediato cuando se quiere analizar este acontecimiento de hace ya cuatro años, a saber:

– ¿Por qué el gobierno cubano, que ya hacía rato estaba en el poder en 1976, demoraría 32 años en firmar tan importantes documentos para cualquier país de la tierra?

– ¿Por qué nunca los nacionales hemos recibido explicación alguna sobre las razones para su firma?

– ¿Por qué nunca se ha expuesto al pueblo de Cuba el contenido de esos Pactos?

– ¿Qué implicaciones tendrían para todos nosotros la ratificación de tales instrumentos jurídicos?

– ¿Por qué desde su firma y hasta la fecha, esos convenios se han mantenido en el “secretismo” que hoy se critica por las autoridades actuales en el país?

El problema es que, ahora mismo, seguimos frente a la crisis generalizada en que vuelve a verse Cuba —y que parece no tendrá nunca fin—, así como ante la ausencia de soluciones profundas y serias por parte del gobierno.

Indignados no solo hay en Europa, frente a Wall Street o los países árabes. Un grupo de ciudadanos desde la sociedad civil cubana ha acudido a los Pactos de la ONU firmados por el ex canciller en nombre del pueblo de Cuba, y están pidiendo su ratificación precisamente por… indignados.

Fantasmas han existido siempre a través de la Historia. Ayer en Europa era el comunismo, que la recorría. Hoy, en Cuba, un nuevo fantasma comienza a moverse, también aterrador para algunos: el de los Pactos de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

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Una demanda ciudadana

por Regina Coyula

(Publicado el 6 agosto 2012 en Malaletra)

Una persona a la que tengo en gran estima me hizo descubrir una verdad de Perogrullo: soy una ciudadana. Algo tan evidente permanecía medio mezclado con otras ideas peligrosas como libertad y democracia. Para mí ha sido como cuando un niño aprende a caminar: primero lo hace con torpeza, luego con más seguridad, hasta que ya no vuelve atrás.

Es por eso que he acogido con entusiasmo la Demanda ciudadana por una Cuba mejor,porque me parece muy lógico que como parte del pueblo, que es el soberano y elige a los funcionarios públicos para ejecutar el mandato popular (al menos en teoría), lleve a otros –ciudadanos como yo pero que no se han enterado— el conocimiento y el convencimiento de que la ratificación de los Pactos de Naciones Unidas por parte del gobierno, redundaría en beneficio de todos.

No se trata de afinidades políticas, sino de ejercer un derecho ciudadano.

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Campaña ‘Por otra Cuba’: una apuesta por los cambios

Por Miriam Celaya

( en sin EVAsión y en Penútimos Días)

Varias semanas atrás vio la luz el documento “Demanda ciudadana por otra Cuba”, firmado por centenares de cubanos de la Isla y de la diáspora, exigiendo al gobierno la práctica inmediata de las garantías legales y políticas refrendadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a través de la ratificación de la firma de los Pactos de los Derechos Políticos y Civiles y de los Derechos Económicos Sociales y Culturales, que fueron firmados por las autoridades cubanas el 28 de febrero de 2008 en Nueva York, y hasta el momento han sido papel mojado para todos los cubanos.

Dicha demanda fue entregada en la sede de la Asamblea Nacional como constancia del apego a los derechos que nos reconoce la Constitución de Cuba, así como de la definitiva voluntad de luchar por los cambios que permitan una transición democrática en la Isla. En correspondencia con la Demanda Ciudadana, recientemente se ha iniciado una campaña a nivel nacional para recabar la firma de los ciudadanos cubanos que consideren su derecho sumarse a este reclamo cívico.

Se trata de una acción legal reconocida por la Constitución, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos —de la que, en su surgimiento, Cuba fue animadora y signataria— y por los referidos Pactos. Es urgente que los cubanos comprendan que los cambios que soñamos solo podremos lograrlos por nosotros mismos. Sabemos que el gobierno tampoco va a responder esta vez a nuestros justos reclamos. Sabemos que las fuerzas represivas van a incrementar su acoso contra los activistas cívicos de la campaña; pero —más allá del número de firmantes y de la reacción oficial— se trata, sobre todo, de una acción moral impostergable. Esta es una acción que reclama la presencia de todos los cubanos dignos, con independencia de su ideología, sus simpatías políticas o su credo religioso. Se trata de rescatar el civismo y la vergüenza para nosotros mismos.

En los meses venideros, la campaña “Por otra Cuba” se desarrollará mediante iniciativas de carácter cultural y cívico: conciertos, performances, plegables y muchas más. Esperamos que todos los cubanos de vocación democrática nos apoyen en esto y nos ayuden a divulgar tanto las actividades de la campaña como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en particular los referidos Pactos.

Es preciso que cada cubano conozca sus derechos y los practique. ¡Quién sabe si quizás estemos gestando un plebiscito a favor de la libertad y de la democracia en Cuba!

Miriam Celaya

La Habana

Ilustración: Logotipo creado por Garrincha para la Campaña

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